Linda Herrera
- En cuanto escuchaba golpes a la puerta, mi corazón se detenía, sabia que nuevamente había discutido con ella.
Se quitaba la ropa rápidamente y me pedía que me recostara a su lado. Yo no podía decir nada, mi condición me impedía hacerlo. Cuando sus grandes manos blancas rozaban mis mejillas no podía evitar que una lagrima resbalara por mi rostro. No le gustaba que llorara. Me pedía que me desnudara lentamente, el se detenía y miraba fijamente mis senos, me analizaba toda, como si nunca hubiese visto una piel oscura. Tomo todo de mi, no le dejo ni un pedazo a mi marido.
Un día mientras estaba en el cuarto de atrás acomodando las sabanas y los manteles, me sorprendió por la espalda me levanto la pollera y hundió como un cuchillo su miembro viril.
yo no quería hacerlo. ¿Que le iba a quedar a mi marido?.
--¿Cuanto tiempo te darán?
-- No lo se, pero por suerte no tendré que escuchar mas los golpes a la puerta.
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