viernes, 30 de marzo de 2012

Cuento de María Crespo (Taller semi presencial - Buenos Aires)


Fuerza mayor
de María Crespo
 
Fue una noche larga. Lágrimas y rezos.
Ana sabía que debía ser esa madrugada, pero el dolor de dejarlos era muy fuerte. Cuando bajo la luna, se vistió. Un cordón de su bota se enganchó en algo y eso la obligo a agacharse. Desde allí vio un juguete de madera de su hijo pequeño, lo tomó y guardó entre su ropa. Oyó el galope de un caballo que se acercaba. Tenía que apurarse. Tomó el picaporte del portón y salió al frío de la madrugada. Levantó con una mano su falda para no mojarse, y corrió hasta el monte de álamos.
-- Vino temprano Peña
-- Antes del amanecer, dijo
-- No me despedí todavía, me falta...
-- Tengo cosas que hacer, sube o me voy ya?
-- ¡Usted es un impertinente!
-- Y usted no tiene otra manera de salir de este lugar con vida, ¡suba!
Del caserío se escucharon voces que se transformaron en gritos, y el galope tendido del caballo de Adolfo. Peña saco su arma y disparo. Adolfo cayó de la montura boqueando sangre. El grito demencial de Ana se unió al sonido de un trueno metalico que anunciaba una larga tormenta de otoño.

Cuento de María Crespo (Taller semi presencial - Buenos Aires)


AMOR
Pueblo Chico, no queda tan lejos. Es posible creer en una relacion así, con kilómetros en el medio.
Todo empezó  yendo los fines de semana a  visitar a los viejos. El olor de la casa, las plantas de siempre que te transportan a tiempos felices, y descubrir que la amiga de la infancia creció y es hermosa.
La visité de pasada cada sábado que fui al pueblo. Como las casas son vecinas, la espiaba a través de la ligustrina (no hay tapiales que dividan las propiedades, todo es cerco de plantas) y nació esto que siento. Es amor, creo.
Por eso estoy así, con este valor que no sabía que tenía dentro de mí. Me siento grande, fuerte y joven.
Me voy al pueblo y se lo digo. El auto está a punto.
¡Qué bueno! La ruta esta vacía, en un rato llego.
Dios mío, ¡que esté!  ¡Que quiera escucharme y me de bola!
-- Baja el vidrio y grita: ¡Que me de bolaaaa!