Se recomienda enfáticamente tener estudiado
este manual antes de la llegada al domicilio. Desde el momento que divise la
puerta de su casa, lo que dependerá de una ecuación entre distancia, geometría
del paisaje y agudeza visual, usted deberá tomar cuenta de las siguientes
instrucciones:
En primer término deberá tomar con la mano
libre (descontamos que no será su mano hábil) el manojo de llaves que contenga
la que corresponde a la puerta a la cual se está acercando. Para ello
recomendamos que palpe suavemente la superficie de todos los bolsillos que su
vestimenta le aporte, comenzando por el más alejado a su mano libre, habida
cuenta de que es siempre más probable que en él se encuentren las llaves. Una
vez identificado el manojo por la palpación superficial acceda al mismo en
sentido descendente desde su apertura, hasta alcanzar con el extremo distal de
las yemas el manojo completo de llaves. Se han descripto casos en que el primer
manojo de llaves es el que corresponde a la puerta en cuestión, pero son muy
excepcionales, por lo que recomendamos repetir este paso tres o cuatro veces
hasta dar con el llavero correcto. Uno no sabe cuántas llaves necesitará en su
vida hasta que se enfrenta a una puerta cerrada. Extraiga con delicadeza el
llavero evitando que se desparrame en el suelo. Y tomando en consideración, esta
maniobra es más sencilla en verano, disponga el llavero en la palma de la mano
y visualmente identifique la llave que corresponde a esa puerta, para lo cual
podrá considerar señas particulares, tamaño, distribución de los dientes u
otros atributos que crea conveniente. Las técnicas anteriores de marcación de
llaves para su correcta identificación con cubrellaves o ranuras en el mango
exceden los objetivos de este manual. En una maniobra gentil, deberá separar la
llave elegida del resto del manojo para lo cual puede disponer de dos
mecanismos de cuestionable efectividad: El primero consiste en arrojar el
manojo al aire a cortos intervalos regulares, tratando que en su descenso las
llaves se dispongan de manera más adecuada a sus necesidades. Para ello deberá
colocar la mano con la palma hacia arriba describiendo una concavidad superior,
simulando una cuchara. Esta maniobra está sujeta a los mismos principios
gravitatorios que pueden terminar con las llaves desparramadas en el piso. La
segunda maniobra es menos arriesgada, pero no exenta de riesgos y requiere de
habilidades particulares. Consiste en tomar el extremo distal de llave elegida
con la boca. Para ello debe disponer los labios en forma de pinza, en lo que
hemos dado en llamar "postura antiselfie". La misma consiste en replegar los labios hacia
el interior de la boca cubriendo las superficies dentadas con los mismos y de
forma tal que no quede expuesta porción de mucosa alguna. Envainados de esta
manera los dientes, la boca en su conjunto oficiará de pinza sin riesgo de que
las partes íntimas de esta cavidad entren en contacto con el manoseado metal de
la llave. Deberá inclinar la cabeza hacia adelante al tiempo que sube la palma
de la mano. Esta maniobra de sincronización requiere extrema concentración. Y
el segundo antes que entren en contacto ambas partes deberá tomar con la boca
devenida en pinza la llave elegida, por su extremo distal al manojo.
Inmediatamente después de haber tomado la llave con la boca, deberá soltar el
llavero y en una solo acto volver a agarrarlo, pero ya con la llave en posición
de ataque, entre el índice y el dedo gordo de la mano. Girando 90 grados en
sentido horario o antihorario indistintamente. Logrará que el ángulo de las
paletas quede en posición correcta, habitualmente cóncavo hacia abajo, otras
veces plano. Finalmente introduzca la llave en la cerradura, gire la misma y
abra de una vez la maldita puerta.
Ian Rubicek