lunes, 5 de junio de 2017

La última parada



Caminar muy lentamente hasta visualizar una marca singular en el cordón de la vereda. Generalmente una pincelada añeja, casi imperceptible al ojo humano. Una vez visualizada detenerse y enderezar el mentón. Rotar el cuerpo hasta obtener la posición contraria al sentido vehicular y clavar la vista hacia delante. Se aconseja no voltearse a saludar un conocido, ni bajar los ojos a mirar el reloj. Cualquier descuido puede interponerse en concretar el objetivo. Apenas respire, parpadee y espere firme sobre la marca. Cuando lo vea aproximarse afine la vista. Frunza el ceño y adelante su rostro en relación a su cuerpo. Visualice el número del recorrido -ubicado en la parte superior derecha- y corrobore que coincida con el que usted necesita. Si lo es rápidamente comience a realizar ademanes con su brazo derecho y gesticule con todos los músculos de su rostro. Espere a que se detenga y ascienda por la primer puerta. Salude amablemente al chofer sin esperar respuesta y apoye su tarjeta en la luz azul. Séquese el sudor y respire aliviado, usted ya está en camino. Tome uno de los caños amarillos y sosténgase con furia. Por último apriete los ojos y elija su destino, porque esa será su próxima parada.

Martina Oliva

Manual práctico de maniobras preliminares al ingreso al propio domicilio



Se recomienda enfáticamente tener estudiado este manual antes de la llegada al domicilio. Desde el momento que divise la puerta de su casa, lo que dependerá de una ecuación entre distancia, geometría del paisaje y agudeza visual, usted deberá tomar cuenta de las siguientes instrucciones:
En primer término deberá tomar con la mano libre (descontamos que no será su mano hábil) el manojo de llaves que contenga la que corresponde a la puerta a la cual se está acercando. Para ello recomendamos que palpe suavemente la superficie de todos los bolsillos que su vestimenta le aporte, comenzando por el más alejado a su mano libre, habida cuenta de que es siempre más probable que en él se encuentren las llaves. Una vez identificado el manojo por la palpación superficial acceda al mismo en sentido descendente desde su apertura, hasta alcanzar con el extremo distal de las yemas el manojo completo de llaves. Se han descripto casos en que el primer manojo de llaves es el que corresponde a la puerta en cuestión, pero son muy excepcionales, por lo que recomendamos repetir este paso tres o cuatro veces hasta dar con el llavero correcto. Uno no sabe cuántas llaves necesitará en su vida hasta que se enfrenta a una puerta cerrada. Extraiga con delicadeza el llavero evitando que se desparrame en el suelo. Y tomando en consideración, esta maniobra es más sencilla en verano, disponga el llavero en la palma de la mano y visualmente identifique la llave que corresponde a esa puerta, para lo cual podrá considerar señas particulares, tamaño, distribución de los dientes u otros atributos que crea conveniente. Las técnicas anteriores de marcación de llaves para su correcta identificación con cubrellaves o ranuras en el mango exceden los objetivos de este manual. En una maniobra gentil, deberá separar la llave elegida del resto del manojo para lo cual puede disponer de dos mecanismos de cuestionable efectividad: El primero consiste en arrojar el manojo al aire a cortos intervalos regulares, tratando que en su descenso las llaves se dispongan de manera más adecuada a sus necesidades. Para ello deberá colocar la mano con la palma hacia arriba describiendo una concavidad superior, simulando una cuchara. Esta maniobra está sujeta a los mismos principios gravitatorios que pueden terminar con las llaves desparramadas en el piso. La segunda maniobra es menos arriesgada, pero no exenta de riesgos y requiere de habilidades particulares. Consiste en tomar el extremo distal de llave elegida con la boca. Para ello debe disponer los labios en forma de pinza, en lo que hemos dado en llamar "postura antiselfie".  La misma consiste en replegar los labios hacia el interior de la boca cubriendo las superficies dentadas con los mismos y de forma tal que no quede expuesta porción de mucosa alguna. Envainados de esta manera los dientes, la boca en su conjunto oficiará de pinza sin riesgo de que las partes íntimas de esta cavidad entren en contacto con el manoseado metal de la llave. Deberá inclinar la cabeza hacia adelante al tiempo que sube la palma de la mano. Esta maniobra de sincronización requiere extrema concentración. Y el segundo antes que entren en contacto ambas partes deberá tomar con la boca devenida en pinza la llave elegida, por su extremo distal al manojo. Inmediatamente después de haber tomado la llave con la boca, deberá soltar el llavero y en una solo acto volver a agarrarlo, pero ya con la llave en posición de ataque, entre el índice y el dedo gordo de la mano. Girando 90 grados en sentido horario o antihorario indistintamente. Logrará que el ángulo de las paletas quede en posición correcta, habitualmente cóncavo hacia abajo, otras veces plano. Finalmente introduzca la llave en la cerradura, gire la misma y abra de una vez la maldita puerta.

Ian Rubicek