Caminar
muy lentamente hasta visualizar una marca singular en el cordón de
la vereda. Generalmente una pincelada añeja, casi imperceptible al
ojo humano. Una vez visualizada detenerse y enderezar el mentón.
Rotar el cuerpo hasta obtener la posición contraria al sentido
vehicular y clavar la vista hacia delante. Se aconseja no voltearse a
saludar un conocido, ni bajar los ojos a mirar el reloj. Cualquier
descuido puede interponerse en concretar el objetivo. Apenas respire,
parpadee y espere firme sobre la marca. Cuando lo vea aproximarse
afine la vista. Frunza el ceño y adelante su rostro en relación a
su cuerpo. Visualice el número del recorrido -ubicado en la parte
superior derecha- y corrobore que coincida con el que usted necesita.
Si lo es rápidamente comience a realizar ademanes con su brazo
derecho y gesticule con todos los músculos de su rostro. Espere a
que se detenga y ascienda por la primer puerta. Salude amablemente al
chofer sin esperar respuesta y apoye su tarjeta en la luz azul.
Séquese el sudor y respire aliviado, usted ya está en camino. Tome
uno de los caños amarillos y sosténgase con furia. Por último
apriete los ojos y elija su destino, porque esa será su próxima
parada.
Martina Oliva
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