lunes, 16 de abril de 2012

Orense cuenta su historia

Los cuentos que escriben los vecinos de un pueblo del sur de la Provincia de Buenos Aires, como una manera de recordar la propia historia a partir de herramientas que les da la ficción, en el marco de su próximo centenario.

Cuento de José Keergaard - Taller Orense cuenta su historia


COINCIDENCIA

Culminando su reparto Paco se dirige a la sastrería, saluda:
--¡Buen día sastre chistoso!
Él contesta con sus manos gesteras y su sonrisa sincera
-- No te olvides de traerme mañana dos kilos, del día, calentitos.
-- Recibido señor-- contesta el visitante.
--¿Te probás el saco?
-- Si terminalo para el sábado, tengo baile en el club ¡Qué bien lo maneja don Arnaldo!, ¡Con el frío que hace hay que abrigarse bien!
-- Y bueno- contesta el sastre-- es el mes de Gardel, che. ¡Ya hace cinco años! ¡Cómo pasa el tiempo! La semana pasada fui en tren a Buenos Aires, iban el cura, Cholo, Leonel. Había fotos de Gardel en todos los lugares ¡Hasta en el tranvía!
-- Yo hice un viaje más corto en el tren, fui a Santamarina-- contestó Paco mientras uno de los “Tres chiflados” le cerraba un ojo desde una lámina.
--  ¿De visita? -- preguntó el sastre-- hummmmmmmmm...che Paco ¿fuiste a votar?
-- Sí me sellaron la libreta.
-- Y ¿quién estaba en la mesa?
-- Varios...los de siempre: el “chueco”, “el rengo”....shhhhhhh...silencio, viene Uldérico!
-- ¡Buen día señores! –dijo el recién llegado con su paso lento, supuestamente formal y su tono monocorde.
En su cintura se notaba un leve bulto. Chiflando bajito y con mirada cómplice Paco dijo:
-- Bueno me voy, hasta luego.
--¡Qué paradoja Paco! Hasta luego --, le contestó el sastre.

José Keergaard
Abril 2012

Cuento de José Keergaard - Taller Orense cuenta su historia


GASPARÍN ( EL PERSONAJE)


El último silbido...suena...silencio el acto llegó al final... Es historia.
Baja del techo del tren. Gasparín camina con sus pertrechos al hombro, ignora la circunstancia...es solo un linyera de esos que llaman “crotos”. Muchos han viajado de esa forma: trabajo, estación, viajes, amores, acciones, lugares, campos, solo vía y Pampa...

José Keergaard
Abril 2012

Cuento de Ana Keergaard en Taller Orense cuenta su historia - abril 2012


Amor imposible

Había venido de Yugoeslavia y cuando lo conocí era un hombre de mediana edad y paso lento. Era el verdulero del pueblo. Recuerdo salir corriendo a avisarle a mamá que estaba el hombre del carro con las verduras y el viejo caballo marrón. Pobre animal ahora se estaba acostumbrando al asfalto duro de las calles, pero  él nunca lo apuraba. Lo que más me interesaba era la balanza con pesitas donde controlaba cuantos tomates, morrones o zapallitos entraban en un kilo. Era amable, algo parco; chistoso, decía mamá. Tenía una sonrisa amplia que le achicaba aún más esos ojos eslavos. Tal vez a ella le divertía cómo se las arreglaba para hacerse entender en su duro castellano.
Así pasaba la vida, parecía solitaria en aquella quinta doblando al balneario. Sin embargo, poco se la veía. Pero allí apareció, junto a él, alguien que nadie esperaba;  el corazón tiene sus razones; no esperó ordenes, ese fue su pecado. Tal vez su risa contagiosa y su andar ligero enamoraron a aquel hombre para toda la vida.
Ana Keergaard
Abril 2012

martes, 10 de abril de 2012

María Fernanda Carro. Taller Orense cuenta su historia - Proyecto centenario. Primer encuentro.


LA ESPERA


Pasó arrastrándose, casi pidiéndose permiso un pie con el otro. Las tres de la tarde caían con todo el peso de los cuarenta grados a la sombra del árbol de moras, el único lugar donde se podía observar la llegada del tren sin ser visto por la gente. Las llagas  en las manos y unos pocos billetes en el bolsillo remendado de su saco eran la prueba más evidente de que la cosecha había terminado, y con ella su trabajo.
            Había soñado con vivir en un pueblo pujante, tener una casita blanca y un buen caballo, pero para un croto eso es una utopía. Pitaba a lo lejos la bocina del tren. En ese momento, una mano se posó sobre su hombro y lo sobresaltó. Antes de darse vuelta, una voz muy dulce le dijo – Quedate Manuel, sos el amor de mi vida. Si te quedás nos casamos y viviremos en la chacra. El croto, que se llamaba José, no sintió necesidad de explicar ni de explicarse que había llegado su oportunidad… tomó la mano de la mujer ciega y partieron bajo el sol de los cuarenta grados perdiéndose en el pueblo.




                                                                       María Fernanda Carro
                                                                      3/4/12