lunes, 16 de abril de 2012

Cuento de Ana Keergaard en Taller Orense cuenta su historia - abril 2012


Amor imposible

Había venido de Yugoeslavia y cuando lo conocí era un hombre de mediana edad y paso lento. Era el verdulero del pueblo. Recuerdo salir corriendo a avisarle a mamá que estaba el hombre del carro con las verduras y el viejo caballo marrón. Pobre animal ahora se estaba acostumbrando al asfalto duro de las calles, pero  él nunca lo apuraba. Lo que más me interesaba era la balanza con pesitas donde controlaba cuantos tomates, morrones o zapallitos entraban en un kilo. Era amable, algo parco; chistoso, decía mamá. Tenía una sonrisa amplia que le achicaba aún más esos ojos eslavos. Tal vez a ella le divertía cómo se las arreglaba para hacerse entender en su duro castellano.
Así pasaba la vida, parecía solitaria en aquella quinta doblando al balneario. Sin embargo, poco se la veía. Pero allí apareció, junto a él, alguien que nadie esperaba;  el corazón tiene sus razones; no esperó ordenes, ese fue su pecado. Tal vez su risa contagiosa y su andar ligero enamoraron a aquel hombre para toda la vida.
Ana Keergaard
Abril 2012

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