lunes, 27 de noviembre de 2017

Haiku

Oigo un piano
Muy desafinadito
Está finado

Ana Schroder

A partir del mito de la Difunta Correa

Deolinda
Ni bien se abrieron las puertas del último vagón, la mezcla de olores a tren sucio y transpiración le provocó la misma nausea de todos los días. Por suerte el bebé aún dormía en su brazo. Empujando, entre permisos y caras de fastidio, llegó a la fila de asientos más próxima. Todos dormían el falso sueño de los mentirosos. Sacudió varios hombros con bravura hasta que un pasajero no pudo hallar una excusa para negarle el asiento. Rendida en el apacible páramo conquistado, desnudó el pecho y mientras el niño bebía su leche, cayó dormida, muerta de cansancio. Una anciana que la estaba observando, pasó a su lado y después de apoyar una botellita de plástico con un poco de agua en su regazo, hizo la señal de la cruz.

Alexis Lukjaniec