lunes, 27 de noviembre de 2017

Haiku

Oigo un piano
Muy desafinadito
Está finado

Ana Schroder

A partir del mito de la Difunta Correa

Deolinda
Ni bien se abrieron las puertas del último vagón, la mezcla de olores a tren sucio y transpiración le provocó la misma nausea de todos los días. Por suerte el bebé aún dormía en su brazo. Empujando, entre permisos y caras de fastidio, llegó a la fila de asientos más próxima. Todos dormían el falso sueño de los mentirosos. Sacudió varios hombros con bravura hasta que un pasajero no pudo hallar una excusa para negarle el asiento. Rendida en el apacible páramo conquistado, desnudó el pecho y mientras el niño bebía su leche, cayó dormida, muerta de cansancio. Una anciana que la estaba observando, pasó a su lado y después de apoyar una botellita de plástico con un poco de agua en su regazo, hizo la señal de la cruz.

Alexis Lukjaniec 

lunes, 5 de junio de 2017

La última parada



Caminar muy lentamente hasta visualizar una marca singular en el cordón de la vereda. Generalmente una pincelada añeja, casi imperceptible al ojo humano. Una vez visualizada detenerse y enderezar el mentón. Rotar el cuerpo hasta obtener la posición contraria al sentido vehicular y clavar la vista hacia delante. Se aconseja no voltearse a saludar un conocido, ni bajar los ojos a mirar el reloj. Cualquier descuido puede interponerse en concretar el objetivo. Apenas respire, parpadee y espere firme sobre la marca. Cuando lo vea aproximarse afine la vista. Frunza el ceño y adelante su rostro en relación a su cuerpo. Visualice el número del recorrido -ubicado en la parte superior derecha- y corrobore que coincida con el que usted necesita. Si lo es rápidamente comience a realizar ademanes con su brazo derecho y gesticule con todos los músculos de su rostro. Espere a que se detenga y ascienda por la primer puerta. Salude amablemente al chofer sin esperar respuesta y apoye su tarjeta en la luz azul. Séquese el sudor y respire aliviado, usted ya está en camino. Tome uno de los caños amarillos y sosténgase con furia. Por último apriete los ojos y elija su destino, porque esa será su próxima parada.

Martina Oliva

Manual práctico de maniobras preliminares al ingreso al propio domicilio



Se recomienda enfáticamente tener estudiado este manual antes de la llegada al domicilio. Desde el momento que divise la puerta de su casa, lo que dependerá de una ecuación entre distancia, geometría del paisaje y agudeza visual, usted deberá tomar cuenta de las siguientes instrucciones:
En primer término deberá tomar con la mano libre (descontamos que no será su mano hábil) el manojo de llaves que contenga la que corresponde a la puerta a la cual se está acercando. Para ello recomendamos que palpe suavemente la superficie de todos los bolsillos que su vestimenta le aporte, comenzando por el más alejado a su mano libre, habida cuenta de que es siempre más probable que en él se encuentren las llaves. Una vez identificado el manojo por la palpación superficial acceda al mismo en sentido descendente desde su apertura, hasta alcanzar con el extremo distal de las yemas el manojo completo de llaves. Se han descripto casos en que el primer manojo de llaves es el que corresponde a la puerta en cuestión, pero son muy excepcionales, por lo que recomendamos repetir este paso tres o cuatro veces hasta dar con el llavero correcto. Uno no sabe cuántas llaves necesitará en su vida hasta que se enfrenta a una puerta cerrada. Extraiga con delicadeza el llavero evitando que se desparrame en el suelo. Y tomando en consideración, esta maniobra es más sencilla en verano, disponga el llavero en la palma de la mano y visualmente identifique la llave que corresponde a esa puerta, para lo cual podrá considerar señas particulares, tamaño, distribución de los dientes u otros atributos que crea conveniente. Las técnicas anteriores de marcación de llaves para su correcta identificación con cubrellaves o ranuras en el mango exceden los objetivos de este manual. En una maniobra gentil, deberá separar la llave elegida del resto del manojo para lo cual puede disponer de dos mecanismos de cuestionable efectividad: El primero consiste en arrojar el manojo al aire a cortos intervalos regulares, tratando que en su descenso las llaves se dispongan de manera más adecuada a sus necesidades. Para ello deberá colocar la mano con la palma hacia arriba describiendo una concavidad superior, simulando una cuchara. Esta maniobra está sujeta a los mismos principios gravitatorios que pueden terminar con las llaves desparramadas en el piso. La segunda maniobra es menos arriesgada, pero no exenta de riesgos y requiere de habilidades particulares. Consiste en tomar el extremo distal de llave elegida con la boca. Para ello debe disponer los labios en forma de pinza, en lo que hemos dado en llamar "postura antiselfie".  La misma consiste en replegar los labios hacia el interior de la boca cubriendo las superficies dentadas con los mismos y de forma tal que no quede expuesta porción de mucosa alguna. Envainados de esta manera los dientes, la boca en su conjunto oficiará de pinza sin riesgo de que las partes íntimas de esta cavidad entren en contacto con el manoseado metal de la llave. Deberá inclinar la cabeza hacia adelante al tiempo que sube la palma de la mano. Esta maniobra de sincronización requiere extrema concentración. Y el segundo antes que entren en contacto ambas partes deberá tomar con la boca devenida en pinza la llave elegida, por su extremo distal al manojo. Inmediatamente después de haber tomado la llave con la boca, deberá soltar el llavero y en una solo acto volver a agarrarlo, pero ya con la llave en posición de ataque, entre el índice y el dedo gordo de la mano. Girando 90 grados en sentido horario o antihorario indistintamente. Logrará que el ángulo de las paletas quede en posición correcta, habitualmente cóncavo hacia abajo, otras veces plano. Finalmente introduzca la llave en la cerradura, gire la misma y abra de una vez la maldita puerta.

Ian Rubicek

domingo, 28 de mayo de 2017

Instrucciones para mudarse




Mudanza.
Atreverse a danzarla,
encontrarse mudo
mudando,
mutando.
Danzarse en pequeñas cajitas prestadas, conseguidas al pasar.
Desintegrarse.
Cocina,
pieza,
baño,
ropa,
recuerdos,
libros abajo y un toallón.
Que nada sea demasiado pesado.
Que nada demasiado liviano.
Rotular,
encintarse,
destacar lo frágil.
Agarrarse y levantarse de a cada parte.
Empujarse.
Moverse con un pie portodoelpasillo.
Llamar a los amigos, los que más cerca pueden cuidar.
Llamarse a uno mismo todo el tiempo, que parecerá que estará integrando y desintegrando, embarcando, flotando en el vacío de haber desarmado el hogar.
Pedir ayuda para volver a juntar los pedacitos en una nueva cocina, un nuevo lugar para los recuerdos, para los libros preferidos.
Nuevos sonidos para la misma música.
Reacomodar la estantería.
Y no olvidar de cultivar un  nuevo y más propio jardín.
Tiempo real: 9 meses.

Ana Schroder
26/05/2017

jueves, 6 de noviembre de 2014

Daniela Lagares - Taller CABA 2014



Tetas

Todos los muñequitos se exhibian en la entrada del estacionamiento. Martín estaba sentado atrás, mientras yo avanzaba, él giraba la cabeza para poder mirar mejor.
-Mirá mamá, es Batman.
En orden de aparición estaban Batman, Robin, Batichica, el guasón y uno verde que no me acuerdo.
Me freno de repente frente a un speaker, muy canchera le digo:
-Un combo tres grande, con agua en vez de gaseosa, una cajita feliz, con pollo, no carne.
Satisfecha me recuesto en el asiento. La voz de frecuencias recortadas pregunta:
-¿Con que jueguete acompaña la cajita feliz?
Miro a Martín por el espejo retrovisor, mientras pido a Batman, él sonríe mirando hacia afuera.
En la segunda ventanilla una chica que atiende mil cosas a la vez, me pregunta sobre aderezos, cantidades, medidas, sabores. No logra jaquearme en ninguna respuesta, sabiamente respondo:
-Grande, chico, ketchup, sal.
Me quebró el saque cuando mecanicamente dijo:
-Batman no hay más, ¿Qué otro juguete quiere?
Giro velozmente la cabeza, Martín fastidiado pide uno de los malos.
La chica los enumera, Martin elige otro fuera de stock. Se le transforma la cara.
-Hijo, ¿Querés a Robin?
- ¿Robin? - Me contesta con cara de asco mezclada de adolescencia prematura.- Ma, tengo hambre me grita.
Saco la cabeza por la ventanilla, necesito encontrar empatía con la cajera.
-Dame lo más parecido a Batman que tengas.
Ella asiente, me da mi cambio y me manda a retirar por la ventanilla tres.
Estaciono el auto y abro los paquetes, finalmente encontramos la calma ahogándonos en nuestras papas fritas. Martín con la boca llena dice:
- Ma, Batman tiene tetas.

Daniela Lagares - Taller CABA 2014

SODA



Después de dos meses de ausencia, la compañia volvió a reponer la soda. El le devolvió los unicos dos envases vacios y ofendidisimo les pidió que no volvieran nunca más.

Carta:
A quien corresponda:
                                       Mediante esta carta quedan notificados que en el día de la fecha pasaron a retirar los unicos dos envases de soda que durante dos meses no hicieron mas que juntar polvo debajo de la pileta del lavadero de mi casa.
He pedido la cancelación del servicio verbalmente al respositor de vuestra empresa.
Saludo atentamente
Dr Roberto Jauregui Insua.

Pasillo:
La del 5to B salió para espiar. Mientras que la del 7mo A bajó hasta el 4to para escuchar mejor. La del 2do C detuvo el ascensor con el botón de emergencia. Los del primer piso se perdieron toda la pelea. El sodero salió del edificio echando putas con dos envases vacios en la mano. El del 3ero C, al grito de: No vuelva nunca más y una serie de epitetos irreproducibles, cerró de un portazo su departamento.

Dialoguito:
-Y ustedes? Dijo una de las mas viejas
-Y acá, estuvimos esperando. Contestó la que estaba mas sucia.
-Pensamos que se habian olvidado de nosotras. Contestó la otra.
-Ay, pero por favor, nosotras pensamos que las habían secuestrado. Dijo otra con un color diferente.
-Sos exagerada, como si no hubieras pasado más de dos semanas en la misma casa. Le respondió la más sucia.
-Ya esta igual, no vamos a volver más a ese lugar . Dijo la otra.
-Se pelearon a los gritos, mientras nos bajaba por las escaleras, un papelón. Dijo la sucia.
- Si un papelón. Dijo la otra.

Atento:
Se sentó como todos los martes a la mañana a esperarlo. Hacia dos meses que no venia. No tenia porque ser este martes, justo el que volveria.
Como todos los martes, le dio un rango horario, de 8 a 12Hs.  Si no venía, marcaría en el almanaque con rojo. Como los martes anteriores.
Sentado miraba la puerta, miraba el reloj, miraba el portero electrico, miraba las dos sodas vacias y polvorientas que habia preparado al lado de la puerta. 
A los quince minutos, se paró y fue a buscar el diario. Leía una nota, miraba la puerta, miraba el reloj, miraba el portero electrico, miraba las dos sodas vacias y polvorientas que habia preparado al lado de la puerta. 
A la hora  tenia que ir al baño, hizo una repasada, puerta, reloj, portero electrico, sodas. Hizo un pis largo, la ansiedad no le permitía disfrutarlo, hizo mas fuerza de lo necesario para sacar el líquido, se lavó las manos lo mas rápido que pudo, sin jabón y volvió a su puesto.
Todo estaba igual, la soda, el reloj la puerta el portero.
A la hora y media cabeceaba medio adormilado. A las once menos cinco, sin un minuto de más, el sonido del timbre lo sacudió.  La mezcla de emociones lo confundió, no sabia qué manotear primero si el portero o el blister de Enalapril que tenía en el cajón.
Del otro lado del tubo, alguien gritó
- Sodero.
Con una sonrisa de venganza incrustada en la cara apretó el botoncito que abría la puerta de abajo.