lunes, 16 de mayo de 2011

Caminos

Por Nicolás Tarraborelli
Hace tiempo que me vengo escondiendo de mi hermano. Salimos de la miseria, el con un taxi y yo con lo que me deja la calle.
En ésta misma estación, también durante una noche fría, se encuentra en la vereda mi hermano con su taxi a la espera de algún pasajero mientras escucha sin interés un tango que emite la radio. El café le cayó mal y arroja por la ventanilla el vaso casi vacío. Se baja del vehículo e ingresa a la estación. En su rostro se percibe un agudo dolor de estomago. Dirigiéndose al baño me encuentra durmiendo en un banco. Su dolor es más intenso y se me acerca como puede.
_ ¡Carla! _ escucho.
La impiadosa luz blanca del interior de la estación invade mis ojos. Reconozco la silueta de mi hermano furioso que me mira de frente. Su presencia me asusta y sorprendida me llevo las manos a la cabeza.

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