jueves, 6 de noviembre de 2014

María Tosar - Taller CABA 2014

Monólogo

Me quemás el cerebro. Tu catarata de desgracias me dan ganas de exprimirte el cuello. Que manera de complicarte y complicarnos la vida, mamá. Siempre víctima. No se como hacés para resultar siempre la afectada de todo. Ahora ya no tenés que pedirle prestada la casa a tu hermano, ya tenés casa propia, alquilada pero tuya.
Y lo más increíble es la imagen que tenés de vos misma. Te ves dulce, paciente, comprensiva y sin embargo sos una jueza subida al púlpito ateo. Dale, a ver como te desatás en gritos, dale, dale. Que esa película nunca la ví. No, no, claro, la única que puede hacer análisis válidos soso vos. Ya sabemos que compraste todas las franquicias de la Verdad. Tanto que te costó despegarte de la infancia enclaustrada del María Auxiliadora y vivís dogmatizando.

Embalemos todo esto de una vez, que me quiero ir.

Mañana vas a hacer como que no pasó nada, como si todas tus opiniones sobre mi vida, sobre mi pareja, todas tus sentencias sin lugar a apelación las hubiera imaginado. Y esta boca no es mía. Es mía y tan parecida a la tuya. Aunque mi lengua es de piedra afinada, prehistórica y resistente, mientras la tuya es un látigo de acero, una cadena al rojo vivo.

Si, si, ya sé que lograste separarte después de 34 años, que viviste sometida a tus padres, que creíste encontrar un marido redentor en ese divorciado morocho con 4 hijos y sueldo bancario. Claro que lo mejoraste, eso es una pareja. Liberar al otro de las cargas adquiridas, aunque después uno descargue las propias. Yaaa seee que esperaron 4 años para “encargarme” y aún así elegiste un tipo violento. Ah, te quedás callada. Viste como esos cuatro chicos oscilaban entre el amor y el miedo. Y aún así creíste que con vos iba a ser distinto, que con tus hijos no. Y resultó ser una versión diluida, pero original al fin. Y sólo se te ocurrió llamar a la policía porque te levantó la mano a vos. Cuando yo volví con el húmero quebrado no hiciste nada “porque estamos en Paraguay, hija. Estás bestias no saben nada. No hay instituciones. Nadie nos va a dar bola”. Y encima, después, con placer y victoria me contaste por teléfono el jabón que se pegó el co autor de mis días cuando llegó el patrullero. Qué me importa que hayas interpuesto tu cuerpo cuando llegaba iracundo, ¿que es tu cuerpo al lado del peso de la ley?.

No, no quiero las teteras de la abuela, no tengo donde ponerlas. Van a terminar cachadas de florero.

Y después te descubriste la cornamenta de Reina de los Alces. La perversión de cagarte cada vez con una más cercana, cuñada, amiga del colegio, tu otra amiga. Si, es repugnante, me tomó un tiempo y unas cuantas sesiones entender porque el feminismo siempre me quemó los ovarios. Quien elige una causa lo hace para purgarse.

Bueno, esas dos fuentes si me vienen bien. Claro, tenes razón. Ahora la joven que recibe amigos en su casa soy yo. Vos estás en otra etapa.



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