Monólogo
Me quemás
el cerebro. Tu catarata de desgracias me dan ganas de exprimirte el
cuello. Que manera de complicarte y complicarnos la vida, mamá.
Siempre víctima. No se como hacés para resultar siempre la afectada
de todo. Ahora ya no tenés que pedirle prestada la casa a tu
hermano, ya tenés casa propia, alquilada pero tuya.
Y lo más
increíble es la imagen que tenés de vos misma. Te ves dulce,
paciente, comprensiva y sin embargo sos una jueza subida al púlpito
ateo. Dale, a ver como te desatás en gritos, dale, dale. Que esa
película nunca la ví. No, no, claro, la única que puede hacer
análisis válidos soso vos. Ya sabemos que compraste todas las
franquicias de la Verdad. Tanto que te costó despegarte de la
infancia enclaustrada del María Auxiliadora y vivís dogmatizando.
Embalemos
todo esto de una vez, que me quiero ir.
Mañana
vas a hacer como que no pasó nada, como si todas tus opiniones sobre
mi vida, sobre mi pareja, todas tus sentencias sin lugar a apelación
las hubiera imaginado. Y esta boca no es mía. Es mía y tan parecida
a la tuya. Aunque mi lengua es de piedra afinada, prehistórica y
resistente, mientras la tuya es un látigo de acero, una cadena al
rojo vivo.
Si, si, ya
sé que lograste separarte después de 34 años, que viviste sometida
a tus padres, que creíste encontrar un marido redentor en ese
divorciado morocho con 4 hijos y sueldo bancario. Claro que lo
mejoraste, eso es una pareja. Liberar al otro de las cargas
adquiridas, aunque después uno descargue las propias. Yaaa seee que
esperaron 4 años para “encargarme” y aún así elegiste un tipo
violento. Ah, te quedás callada. Viste como esos cuatro chicos
oscilaban entre el amor y el miedo. Y aún así creíste que con vos
iba a ser distinto, que con tus hijos no. Y resultó ser una versión
diluida, pero original al fin. Y sólo se te ocurrió llamar a la
policía porque te levantó la mano a vos. Cuando yo volví con el
húmero quebrado no hiciste nada “porque estamos en Paraguay, hija.
Estás bestias no saben nada. No hay instituciones. Nadie nos va a
dar bola”. Y encima, después, con placer y victoria me contaste
por teléfono el jabón que se pegó el co autor de mis días cuando
llegó el patrullero. Qué me importa que hayas interpuesto tu cuerpo
cuando llegaba iracundo, ¿que es tu cuerpo al lado del peso de la
ley?.
No, no
quiero las teteras de la abuela, no tengo donde ponerlas. Van a
terminar cachadas de florero.
Y después
te descubriste la cornamenta de Reina de los Alces. La perversión de
cagarte cada vez con una más cercana, cuñada, amiga del colegio, tu
otra amiga. Si, es repugnante, me tomó un tiempo y unas cuantas
sesiones entender porque el feminismo siempre me quemó los ovarios.
Quien elige una causa lo hace para purgarse.
Bueno,
esas dos fuentes si me vienen bien. Claro, tenes razón. Ahora la
joven que recibe amigos en su casa soy yo. Vos estás en otra etapa.
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