Mandarina
Chorreaba un liquido naranja y dulzón. De a poco fui
encontrando las fisuras, no se porqué, pero metí el dedo en una de las grietas.
Se empezó a desarmar. Cada vez que hundía el dedo desprendía más y más jugo. El
olor dulce que venia de adentro. Era un perfume de verano o de invierno, como
un recuerdo lindo, conocido.
Con las manos
enchastradas logré abrirlo en dos. Una pulpa gelatinosa y naranja es lo que
había dentro.
No lo pensé, mire para todos lados y sin que nadie me
viera me llevé un trozo a la boca.
Inmediatamente una mano me tocó el hombro. No habia tiempo
para saborear entonces tragué la pulpa cual remedio.
Le dí un golpe seco. De los nervios. no calculé la
fuerza y la evidencia quedó sublimada en las paredes blancas. La pulpa y el
jugo se arrastraban hacia abajo por
culpa de la gravedad.
El sabor dulce, que todavia podia retener, no queria
dejarme abrir la boca para contestar la catarata de preguntas de mi superior.
Inmediatamente me mandaron a cuarentena por consumir
sustancias extrañas.
El sabor perdura en mi lengua, igual que la mancha
naranja en la pared que los cientificos siguen estudiando.
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