jueves, 6 de noviembre de 2014

Daniela Lagares - Taller CABA 2014



Mandarina

Chorreaba un liquido naranja y dulzón. De a poco fui encontrando las fisuras, no se porqué, pero metí el dedo en una de las grietas. Se empezó a desarmar. Cada vez que hundía el dedo desprendía más y más jugo. El olor dulce que venia de adentro. Era un perfume de verano o de invierno, como un recuerdo lindo, conocido.
 Con las manos enchastradas logré abrirlo en dos. Una pulpa gelatinosa y naranja es lo que había dentro.
No lo pensé, mire para todos lados y sin que nadie me viera me llevé un trozo a la boca.
Inmediatamente una mano me tocó el hombro. No habia tiempo para saborear entonces tragué la pulpa cual remedio.
Le dí un golpe seco. De los nervios. no calculé la fuerza y la evidencia quedó sublimada en las paredes blancas. La pulpa y el jugo se  arrastraban hacia abajo por culpa de la gravedad.
El sabor dulce, que todavia podia retener, no queria dejarme abrir la boca para contestar la catarata de preguntas de mi superior.
Inmediatamente me mandaron a cuarentena por consumir sustancias  extrañas.
El sabor perdura en mi lengua, igual que la mancha naranja en la pared que los cientificos siguen estudiando.

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