jueves, 6 de noviembre de 2014

Daniela Lagares - Taller CABA 2014

Comienzo



El felpudo de la puerta daba la bienvenida en perfecto alemán. Mientras que en el marco izquierdo estaba colgado un pedazo de la torah a modo de amuleto de la Buena suerte.
El sonido del timbre era una melodía claramente reconocible, pero antes de que pudiera descubrirla la puerta se abrió mostrandome otra serie de contradicciones estilísticas.
Mis ojos nos soportaron tanto estímulo al mismo tiempo. No se si era la serie de potus colgada de la pared a modo de guirnalda, o los dibujos de los tucanes en la camisa de ella. El era el que no paraba de hablar mientras que ella y sus tucanes intentaban ofrecerme agua en un vaso con sombrilla.
Me abrumé, el aire me empezo a faltar. Cada vez que enfocaba para algún rincón, sabía que el horror quedaría estampado en mis corneas.
Lo interrumpí, no podia hacerlo de otra manera que intencionalmente torpe, dejé caer el vaso de agua ofrecido sobre la alfombra, que aún no había visto, pero que era lo suficientemente verde para pasar desapercibida.
Me desarmé en disculpas, el dejó de hablar, ella se quedó congelada. Cuando capte su atención, Me excusé y les hice creer que había tocado el piso incorrecto. No los deje accionar y cerré la puerta quedándome en el pasillo mientras esperaba el ascensor que me devolvería la libertad.
Saqué mi libreta de cuero negra y con perfecta caligrafia anoté: Nunca más buscar departamento por el diario, llamar inmediatamente a alguna inmobiliaria.

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