Padre, el hombre del turbante
Enigma infinito. Curiosidad absoluta. Ansiedad. Pica en el alma el deseo
de saber que hay ahí dentro. Me atre, me
atrapa, me fija. ¿Hay algo allí? Esa mirada gélida, entrecerrada, casi muerta; ¿vive?
¿Hay recuerdos? ¿Siente? Para algunos ya murió. Para mí solo purga una condena
perpetua. Tal vez es feliz.
La muerte lo visitó varias veces y
sin embargo sigue aquí. Me pregunto: ¿qué habrá pactado? ¿Qué precio habrá
pagado? Tal vez el precio es seguir viviendo y por eso lo dejó aquí seco,
envejecido y postrado.
Pero como él nunca se rendía, su
orgullo y voluntad, su tenacidad y fuerza lo pusieron nuevamente de pie, para seguir siendo objeto de mis preguntas,
de mis dudas, de mi mirada.
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