Botas negras corriendo hacia mí, salpicándome en la cara toda el agua que derrama la lluvia.
-Ma Mariela… Mariela!! Me gritaba y yo inmóvil de mis manos, atadas a un hierro frio, sin posibilidad de huir de ellos, con mi cabeza agarrada entre sus manos y la tierra.
Algunos corrieron hacia él. Uno saco una maza de su pantalón y golpeo su cabeza…
-Adolfo!!! Con voz mas fuerte que un cuerpo en agonía.
Nadie lo ayudaba, todos huían desesperados.
Su torso empezó a caer lentamente, pero sus manos tomaron vuelo y, sosteniéndose de las vestiduras del hombre de botas negras, escapó, huyendo entre los gritos, miedos y clemencias.
-Adolfo!! Adolfo!!
Quedó inmóvil, sin reacción por unos segundos. Se dió vuelta y me miró. Solo el tiempo pasaba por delante de nosotros.
Que desesperación, que dolor inconfundible, que me penetró en ese momento cuando entendí que la huida era solo de él.
Paula Yapor .
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