ANGELA DE LA GUARDA
de Paula Arcuri
Año 1867. Es de noche. Una mujer con rasgos
indígenas, sentada junto a una hoguera.
--Cuando le dije al Capitán que su niño se
moría ¡Uyyy uyyy uuyy! ¡Casi me mata mi señor! Pero yo no tengo la culpa, esto
me viene a mí, yo no lo invento ni nada, solo lo veo. Me mandó a azotar...
pobrecito, estaba tan triste; consumido por la pena mi señor. Pero él sabía que
yo lo podía ayudar, no creía, pero no tenía otra. El doctor ya no podía hacer
nada. Le dije: “Tráigame unas hojitas de laurel, ruda, aceite, mis plumas de ñandú
y una de cóndor, necesito”. Eso sí, la
de cóndor le costó, pero me trajo todo, el pobre. Y yo junté otras cosas que me
hacían falta y empecé.
Nunca lo había hecho sola. Siempre ayudaba a mi
Tata cuando curaba, pero nunca sola. Y el angelito se moría ¿Y para qué iba a
estar yo en la Tierra sin ese niño? ¡Si yo lo hice nacer! Mi Señora me lo
encargó cuando murió y se lo tenía que cuidar. Flaquita, apenas respiraba y con
sus fuerzas apagadas me agarró las manos, mis manos duras y oscuras entre las
suyas transparentes y débiles. Huesitos eran. Me besó las manos para que yo
siempre le cuidara el nene. Y lo juré. ¡Cómo los amaba esa mujer! Al niño, y al
Capitán también. ¡Hombres puercos! Culpa de él ella se fue, vaya a saber que
peste le pasó y ella no aguantó. Y se fue nomás, con el angelito que traía en
su vientre.
¿Y ahora otro ángel para el cielo? ¡No! Que
éste se quede con el padre un poco más.
Le pasé los ungüentos que sabía preparar.
Encendí el fogón, cerré los ojos y cantando desde las tripas, llamé a los
Antiguos y a su madre, con todo respeto, lo puse en sus manos. Le ofrecí a La
Pacha Mama un ñandú, la quemata de plumas y todo eso.
Ahora sólo queda esperar.
(Mira al cielo)
La noche se está cerrando. Mala señal.
¿Será quizás que me equivoqué? Cuando está
escrito no hay quemata que lo pueda cambiar.
(Mira al fuego fijo)
Perdón, perdón les pido que me perdonen, no
quise interferir.
(Mira al cielo)
Si el niño debe emprender el gran viaje, les
pido que me manden una señal. Una chiquita aunque más no sea.
(Sopla un viento fuerte)
¿Ese viento? ¡Ese viento lo conozco y me hiela
la sangre! Está cerca, es el comienzo del fin.
(Se para y se persigna)
¡Mi señora! ¡Hice lo que pude! (llorando) Es suyo, le prepare al
pequeño. Lléveselo sin equipaje, señora. Cuídemelo.
hola estoy buscando a una Paula Arcuri que vivia en San MArtin... sos vos?
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