La vida de Irene.
de Marité Repetto
La vida que vive Irene no es la de ella. Se equivocaron al ponerla en
esa cuna. Desde entonces sabe que vive sin verdad. Calcula que hasta el nombre
no es el de ella. A veces, en verano, cuando entra a la cocina y el sol de las
7.15 se entromete claro, suave y
decidido por las endijas de la persiana, y se derrama por la mesada, y huele a
café que programó la noche anterior, y pone las tostadas y las tazas para los
dos piojos ruludos que tiene de hijos, entonces, a veces cree, prefiere creer,
que esa es su vida. Y se convence y los lleva al colegio, y transita la oficina,
y vuelve a casa justo para despedir a Lili que los dejó bañados y la cena en el
horno. Los besa, parece que los siente. Enciende la lámpara del living para que
no esté tan oscuro, como le gusta a Horacio cuando llega. Lo abraza y todo esta
bien. Pero no es su vida. A las 22.30, cada noche, llega a sus oídos una balada
desde el piso 22 y ella sabe que baila allí y se llama Julia.
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