miércoles, 23 de mayo de 2012

Cuento Marité Repetto - Taller tercer sábado de mes - Mayo 2012 - Buenos Aires


PRECOLOMBINOS
de Marité Repetto
Eso que sentía era desesperación. Un fuego en la panza, ahogo en el pecho y la garganta anudada. No llegó a gritar pero sí a correr. Y corrió. Corrió rápido, más rápido que Azacca, le ganaba siempre a su hermano mayor. Admiraba tanto sus piernas de muchacho, que había logrado que las de ella fueran iguales. Iguales no, mejores, más fuertes, más ágiles. Corría y ganaba. Así que corrió. Corrió cuando tenía que suceder lo inevitable en su emparejamiento con Najac y ella sintió el asco. Y la desesperación. Corrió para ganar y ganó la playa. La arena, el viento del mar, el olor salitre y la humedad de las rocas la ocultaron mientras lloraba. Lloraba segura que viviría ahí toda su vida, a salvo. A salvo de las manos del hombre, a salvo de las miradas, a salvo de la esperanza de los otros que no era la suya. Solo anhelaba correr, trepar árboles, cazar con sus amigos, ser uno mas de ellos. Ni hablar con niñas, ni acariciar barro para hacer vasijas, ni cocinar, si sembrar, y mucho menos amar a un hombre. Su alma era de hombre. Lo supo siempre. Y entonces lloró hasta que no quedó desesperación por llorar. Recién ahí lo vio. Acurrucado en la orilla ese animal enorme parecía de oro. El sol se reflejaba en el metal de su cabeza y su lomo, y el amarillo de su crin estaba trenzado como el suyo. Mas allá, aún mas cerca del agua, más metal, en forma de lanza y escudo parecía abandonado, sin dueño. El reflejo la enceguecía. Se acercó solo para confirmar su percepción. Era un hombre. Amarillo y pálido, pálido de muerte. Transparente. Su instinto la calmó, se acercó a él. Y lo sintió. Sintió en el movimiento rítmico de su lomo un quejido infinito y profundo.  El animal-hombre lloraba más llanto que ella. Solo, sin mas guerra que mentir, el náufrago guerrero lloraba su cobardía de ya no soportar más muerte, más sangre. Y nada les impidió llorar juntos lo errada que a veces se plantaba la vida.

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