martes, 15 de mayo de 2012

Un micromonólogo de Paula Arcuri del taller de los terceros sábados de mes


VIAJE AL OTRO MUNDO
de Paula Arcuri
                                             

La acción transcurre un barco, son los años 50. Una mujer joven escribe sobre una mesa. De a ratos levanta su cabeza y repasa lo escrito.


 -- “Mamita, yo le escribo desde ahora porque desde ahora la extraño. Aferrarme a esta hoja me aferra a su pecho, a su calor, a los olores y colores de mi tierra tan amada. Me aferra a mi vida y digo mi vida como si esta no lo fuera. Como si estuviera muriendo y naciendo en otro lado.
         Yo no sé qué duele más, si morir de hambre y frío en la guerra o dejarlos allá solos a la buena de Dios. Dejarlos sabiendo que huyo cobardemente intentando salvarme. Tan egoísta me siento que a veces pienso que era preferible morir.
         Acá es todo tan triste, a veces tan callado que en el silencio de la noche me revientan en la cabeza los ruidos del recuerdo.  Los estruendos de los cañonazos y los gritos de dolor y espanto se me mezclan con los ruidos de la gente acá en el barco.
          Viento, mar, movimientos de marinos. Murmullos, llantos de niños, algunas risas, pocas pero esperanzadas.”

Se acerca un hombre y se sienta a su lado. La mujer lo mira enojada.

        ¿Y usted? ¿Otra vez acá? Ya le dije que no estoy para galanes.  Bastante tengo con mis problemas. Me viene a toser encima. Vaya, vaya que me va a pasar alguna peste. (Indicando a lo lejos) Por allá hay unas rusitas más lindas que yo. Ellas por lo menos le van a entender lo que dice, hombre. Vaya.

El hombre no se mueve de su lado. Ella sigue escribiendo.

        “Madre, le cuento que tengo un pretendiente  insoportable. Se me hace el lindo y no habla una sola palabra en castellano.”  (Al hombre) ¿ Qué hace? ¿Por qué no se va? Haga el favor, no se ría, cierre esa boca. A quién podría gustarle sin un solo diente.

Vuelve a la carta.

           “Dicen que allá es todo verde y que hay comida. Y paz. Cuando pienso en eso rezo para poder traerlos conmigo. Es lo único que me anima a intentarlo.
           Tanta inmensidad me ahoga.  A veces sueño que muero acá en el mar. Ahogada,  pero no por el agua sino por la pena. “

Se detiene en la lectura de lo que ha escrito. Mira al ruso que la mira embobada.

                Me angustio, ¿sabe? ¿Usted también? Pero non quiero entristecerla a ella, pobre.

El otro la mira sin contestarle, le sonríe. Ella vuelve a su carta.

           “Pero hoy es un día especial. ¿Sabe? Dicen que mañana llegaremos. Vinieron dos personas a hablaron del Hotel de Inmigrantes y nos dieron clases de cómo debemos  comportarnos.  Nos enseñaron algunas de sus costumbres y cuál va a ser nuestro destino. ¿Ve mamita? Es como ser chiquita otra vez y volver a nacer. Nacer en la Argentina.”
  Firma categórica la carta, mira al ruso, le sonríe y se retira de su brazo, olvidando su carta sobre la mesa.






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