Gira
Arrugaron
las nubes el azul, hasta quedar todo negro como mi traje, arriba un sonido
claro y monótono, mis brazos articulados tratan de protegerla, ella vacila. Tuve miedo de que un soplo de viento rajara mi vestido, a ella no parecía
importarle lo que sucedía. La furia se desata allá arriba, yo sentía por la
fuerza que trasmitía su mano, que necesitaba un amigo. Traté de absorber su
nerviosismo, pero nada la calmaba. La tormenta desatada no solo permanece en el aire,
también está en su cuerpo.
Cruzó
la calle corriendo, yo temí desintegrarme, no vio el auto. Quise detenerla,
gritar, solo crují, rodé por el suelo, quedé junto a ella, sentí su aliento, su
angustia que no alcanzó a lavar el llanto del cielo, ni la sangre que gira y gira.
Nelida
Delbonis
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