El
queso del basural
Era un día lluvioso uno de esos días en los que
el silencio es eterno, y el agua interrumpe nuestros oídos, cuando Filipino decidió salir a caminar. En uno de
esos momentos, una calle oscura, larga y angosta le llamó mucho la
atención por lo que su curiosidad lo
llevó a recorrerla. Caminando por esa calle él no sabía cuál era el final de su
trayectoria.
A unos pocos metros, al llegar a una estancia,
vio a su izquierda un largo callejón que terminaba en montañas. Otra vez la
oscuridad se adueñó de él y lo empujó a conocer. Al entrar sintió un aroma delicioso,
y vio un color rojo que resaltaba en las montañas. Era un queso, nada más, ni nada menos. Sin
pensarlo se acercó hacia él, lo tomó, y la lluvia lo apresuró a que se retirara
del lugar.
Caminando de regreso pensaba en qué habría
pasado con ese queso si no hubiera caído en sus propias manos. Entonces
resolvió no alejarse jamás de él.
Ale
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