Buscándote
de Erica Marino
Como
siempre no me importaba nada, ni el cansancio, ni el calor, ni mis hombros
doloridos, ni postergarme, ni mi dignidad. Tenía que verte porque sabía o
suponía que me necesitabas.
Terminé mi
trabajo y tomé el tren. Los minutos se me hacían largos, llevaba un bolso
pesado y mi espalda era una tortura, pero seguía ignorando ese dolor porque
sentía que el tuyo era más fuerte.
Por fin
llegué. Bajé del tren y me dejé llevar por las viejas calles conocidas. Cada
una tenía un aroma distinto: tilos, libustros y paraísos que me llevaban a mi
juventud…
Aquellos
años en que vi tus ojos por primera vez.
Te distingo
a lo lejos, me mirás y no me ves, no puedo evitar sonreír porque te noto
buscándome. ¡Esperé tanto tiempo para disfrutar esa sensación! Me acerco y me
encuentro con tus ojos de siempre, ¡tan tristes! Cuando me ves te cambia la
cara, sonreís sin darte cuenta, no reconocés que esos ojos se iluminan y
empiezan a vivir.
Caminás
conmigo y no podés dejar de hablar, me revelás lo que a nadie más y te sorprendés
de que yo entienda qué estás diciendo, de que te conozca tanto.
Entonces te
escondés, te asustás, volvés a cerrar tu coraza y me dejás desnuda y triste.
No importa,
sigo adelante con mi mejor sonrisa porque sé que tu encierro no es desamor, es
cobardía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario